“La razón por la cual deseo construir objetos es que en el mundo real siempre hay algo que me perturba. Yo soy quien compone las formas y su orden, los colores son uniformes. Es el único espacio en el que podría sentirme bien”. A menudo es difícil clasificar la obra artística del último Absalon: sus modelos de mesa, ¿son estudios para piezas de mayor tamaño? ¿Deberían interpretarse sus Cellules (Celdas -ed.) como esculturas en sentido estricto? Desprovistas del color y la provocación de los modelos arquitectónicos, las obras de Absalon insinúan la nitidez de la escuela de la Bauhaus y los movimientos constructivistas y minimalistas. Su obsesión por la forma y la claridad del campo visual se refleja en los títulos en sí: Cells in Silence, Proposal for Everyday Objects, Order (Células en silencio, Propuesta para objetos cotidianos, Orden). Por otra parte, las obras de Absalon destacan por su carácter individualizado, confeccionadas a medida. El tamaño y la dimensión de cada uno de los bordes y esquinas de sus celdas se deriva de mediciones repetidas de su propia estatura: el resultado es un conjunto artístico tremendamente biográfico, un intento continuado de insistir en una escala muy humana. Un vistazo al interior de las pequeñas ventanas de las celdas evoca sentimientos de soledad, silencio y una ralentización y reducción de la forma, incluso una restricción del movimiento del conjunto; el resultado es reconfortante y extraño a la vez. El artista hizo referencia a estas restricciones y perpetuó los ambiguos sentimientos de cerramiento y contención que evocan sus celdas diciendo: “Intento crear un sistema sin imperfecciones, y en cierto modo es una verdadera jaula. Sea como sea, me siento solo y en esta jaula sigo sintiéndome solo, pero mejor”. Las formas de Absalon invitan al espectador a cuestionarse cómo las estructuras (físicas o de cualquier otra naturaleza) controlan el cuerpo y a su vez dictan nuestro movimiento y nuestra existencia. Dentro de estos sistemas, la forma dicta el comportamiento, llevando toda variación a un estado de inmovilidad. Pero a Absalon una restricción de este tipo le permite la posibilidad de una existencia renovada, un comenzar de cero, una línea de fondo blanquecina a partir de la cual es posible reconstruir la identidad, un barrio o una civilización. De este modo, en las celdas de Absalon resuena el lamento de Heidegger de que el elemento esencial de “construir”, concretamente habitar, se ha desvanecido. La propia postura de Heidegger era de escepticismo frente a un falso optimismo o una perspectiva utópica, y en su lugar una expresión del deseo de una unidad de existencia. Sus estrategias de reducción y reconstrucción siempre han querido dar como resultado algo no necesariamente mejor, pero sí nuevo. (JT)
(Citas extraídas de una entrevista entre el artista y Jean de Loisy en enero de 1990)
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