La artista suiza Ursula Biemann crea instalaciones y cine que exploran cuestiones de género, el comercio global y las zonas fronterizas desde un punto de vista antropológico. El protagonista del film de Biemann titulado Performing the Border (Interpretando la Frontera), rodado en 1999, es Ciudad Juárez en Méjico, una ciudad industrial floreciente situada en la orilla opuesta a El Paso, Texas, y un centro importante de plantas de montaje para la industria electrónica norteamericana. Hay gran número de mujeres empleadas por aquellas fábricas, mujeres que han emigrado hacia el norte para encontrar trabajo o escapar de los confines de su vida agraria. Biemann toma nota de esta feminización de la mano de obra y el dominio que ejerce esta plantilla femenina sobre los patrones locales de socialización y relaciones. El telón de fondo de esta ciudad en desarrollo es la angustiosa zona fronteriza entre Méjico y los Estados Unidos – un espacio que sirve para controlar el acceso de los trabajadores y, a la vez, proporcionar mano de obra barata para los EE.UU. La dramática industrialización de Juárez y su creciente población femenina dio lugar a un fenómeno nuevo: un asesino en serie que ha violado y asesinado a hasta 150 mujeres de la zona. Performing the Border investiga cómo una línea de demarcación aparentemente arbitraria entre dos naciones puede conllevar tantas ramificaciones para el paisaje y la población.
Biemann vuelve su mirada hacia otra zona fronteriza en el proyecto de cine e instalación llamado Estrecho Complex (2003): el Estrecho de Gibraltar, la franja de agua que separa a España y Marruecos. Creado en colaboración con la antropóloga visual Angela Sanders, la obra incluye tres películas rodadas independientemente (llamadas logs o diarios) que detallan la actividad en distintas partes de esta región. El primero diario se centra en las disparidades entre las dos culturas que flanquean la frontera de Ceuta, un enclave español ubicado en territorio marroquí. La película muestra cómo las mujeres marroquíes, avalándose de sus voluminosas vestimentas tradicionales, transforman sus cuerpos en vehículos de comercio, introduciendo mercancías en España ilegalmente para venderlas con ganancia. El segundo diario, también rodado en Ceuta, nos enseña cómo las mujeres marroquíes efectúan otra clase de transacción comercial – en esta ocasión, cruzando la frontera como mano de obra importada barata. Muchos de los que van y vienen ejercen de empleados domésticos en las casas de sus vecinos españoles más acaudalados, lo cual demuestra la disparidad económica entre las dos naciones que comparten esa frontera. El tercer y último diario se enfoca en el desarrollo de industrias en el norte de África que sólo producen mercancía o productos destinados al mercado europeo. Biemann se interesa especialmente por una serie de subcontratistas en Tánger, Marruecos, quienes se encargan de adaptar estos productos a la cultura de sus destinatarios finales.
Estas tres películas se proyectan en un sala equipada con videocámaras de seguridad con radar y mapas de la región trazados por satélites, dejando patente la proximidad en la que operan estas dos culturas y sistemas económicos tan diferentes. Como en Performing the Border, Estrecho Complex presenta la zona fronteriza como un lugar de continua lucha económica que tiene serias consecuencias para un pueblo y su entorno, pero que permite que la otra cultura mantenga su modo de vida primer-mundista. En ambos proyectos, las mujeres se convierten en el escenario de esta transacción económica, demostrando tanto su importancia para la sociedad como los abusos a los que les expone su posición. (AC)
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