La cineasta y fotógrafa británica Hannah Collins trabaja en colaboración con las comunidades que documenta para otorgarles a la gente un papel activo en la producción de sus propias imágenes. Este gesto de conferir poder a sus sujetos invierte los tropos de la documentación etnográfica, permitiendo un retrato más realista de sus sujetos mediante sus narrativas autogeneradas. La artista desarrolló este proceso con el proyecto que se convirtió en una instalación de video de 5 canales, La Mina (2003). Para crear la obra, Collins pasó un total de 18 meses con una marginada y altamente hermética comunidad de gitanos en Barcelona, documentando su vida cotidiana y, lo que es más importante, ganándose la plena confianza de esta comunidad habitualmente recelosa. La instalación de video resultante, con sus cinco pantallas y seis canales de audio, recrea en todo detalle el entorno y la arquitectura del barrio donde vive esta comunidad, y mostró a los sujetos de Collins mientras elegían e interpretaban sus propias narrativas, muchas de ellas inspiradas en experiencias de sus propias vidas diarias. El proceso de La Mina propone al documentalista como un agente cultural trabajando en beneficio de la comunidad.
En su proyecto más reciente, Beshencevo (Current History) (Una historia contemporánea) (2006), Collins aplica este método de producción en su retrato de una comunidad de gitanos romaníes y gadjes en la pequeña aldea de Beshencevo en el centro de Rusia. Producido en colaboración con el escritor ruso-romaní Edouard Chiline, el proyecto resultante muestra como la comunidad se encarga de su propia documentación, escribe y graba sus propias narrativas, un proceso que también se ve en La Mina. Ambos proyectos ofrecen una visión detallada de comunidades gitanas, cada una en un contexto totalmente distinto, lo cual sirve como referencia para comparar los dos grupos. Sin embargo, por mucho poder y autonomía en el proceso de producción que les confiera el método documental de la artista, sus acciones y experiencias quedan grabadas como un registro sujetivo de la respuesta de la comunidad a sus posiciones de autoridad. A pesar de esto, el enfoque de Collins sigue siendo un modelo utópico para el futuro de la cinematografía etnográfica. (AC)
|
||||
|
|
|||