Peter Friedl lleva fotografiando parques infantiles por todo el mundo desde1995, imágenes que se presentan en forma de proyecciones de diapositivas. Este movimiento inquieto entre medios, entre forma y diseño, entre geografías políticas y entre espacios compartidos y privados caracteriza en su mayoría el arte de Peter Friedl, al igual que su descripción “in situ” de su ambiente de trabajo. Mientras un grado sustancial de “juego” integra la aproximación de Friedl, el objeto de su obra suele ser bastante serio, si es que se presenta de manera esquiva. La época del apartheid en Sudáfrica, los devastadores efectos de la Guerra Civil americana, las formas en las que las instituciones del mundo del arte perpetúan las estructuras sociales dominantes, etc. Además, la obra de Friedl plantea preguntas referidas no sólo al poder sino a los modos de resistencia con respecto a él, como en su escultura de neón en la pared, de 2000, en la que brilla la frase “20 años de resistencia”; la mera ambigüedad de la obra señala que la crítica es un procedimiento tanto interno como externo.
Ser materialista no es sinónimo de ser literal. Para las prácticas documentales, significa que los hechos y “verdades” suelen ser tratados de forma oblicua. Para los artistas que representan compromisos críticos, significa que se invita al público (y a los colaboradores) a rellenar los espacios vacíos. En la realización de Out of the Shadows (What is Written Cannot Be Unwritten), Friedl preguntó a distintos escritores que trataran temas importantes en la Historia de Chipre. El resultado es necesariamente una crónica incompleta y fragmentaria de los retazos que quedaban del proyecto moderno de construcción nacional. De un modo similar, Friedl instigó una colaboración con dos películas de Pier Paolo Pasolini y Otto Preminger; cada una de ellas establecía una relación concreta con Chipre, y a la vez él incorporaba sombras chinescas basadas en las tradiciones populares de la isla. Más que una Historia de Chipre, Out of the Shadows es un análisis de cómo las convenciones de la narrativa de la Historia ocultan un tenso ensamblaje de elementos reñidos entre sí y conjugados de modos diversos.
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