El artista Huang Yong Ping, nacido en China, lleva diez años afincando en Francia y representó a este país en la Biennal de Venecia de 1999. Encarna perfectamente la integración del insider-outsider. Mientras trabajaba en China, Huang Yong Ping introdujo en la creación artística ideas venidas de occidente, como los happenings del grupo Xiamen Dada, y por otra parte los paisajes duros, supeditados a la pintura y al “arte oficial”. Al establecerse en Francia, Huang Yong Ping desafió la reticencia occidental a reconocer la diversidad cultural incorporando en su obra costumbres tradicionales chinas relacionadas con la filosofía oriental, religión y medicina, recurriendo a lo que podría interpretarse como tácticas de exotismo subversivo. A pesar de que no puede negarse que la esencia del trabajo de Huang Yong Ping se basa en la combinación de dosis variables de principios organizativos orientales y occidentales, sería más oportuno afirmar que Huang Yong Ping, sin siquiera entrar en formulismos, trabaja en una escala de equivalencias que podría ser válida tanto en Oriente como en Occidente. A partir de la tradición taoísta con la que suelen asociarse los elementos interrelacionados de la suerte y el cambio —la primera suele provocar la segunda—Huang Yong Ping podría inclinarse con facilidad hacia los experimentos de los maestros occidentales como Joseph Beuys, John Cage y Marcel Duchamp, poniendo así al descubierto la visión reduccionista que ve la tradición hegemónica del legado racionalista de la Ilustración como la única encarnación posible del pensamiento occidental. En la instalación escultórica A Football Match of June the 14th, 2002 (2003) Huang Yong Ping muestra tácticas de resistencia opuestas, occidentales y de Oriente Medio, enfrentando en un campo de fútbol a soldados americanos y mujeres afganas con burka, representando el estado del mundo. Manipulando significados con doble sentido sin limitarse a establecer simples dualidades, Huang Yong Ping ensombrece la escena, infestada ya de murciélagos —señal de mal augurio en Occidente y de lo contrario en Oriente— con un meteorito, como si quisiera sugerir las consecuencias inciertas de un juego que no sólo se rige por leyes humanas.
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